The Host: (Bong Joon-ho)

 

 

 

Bong Joon-ho es un director coreano cuyo nombre en nuestras cabezas no resuena dado a que conocemos poco de él. Autor de –en su mayoría- cortometrajes para la televisión o generados exclusivamente para festivales de cine, éste director sale a luz con lo que sería verdaderamente su primer largo a nivel mundial: “The Host”.
Prometedora historia familiar, como no podría ser de otra manera al tratarse de una temática general y recurrente en los autores de su origen, The Host se mete de lleno en la sensación de extrañeza que todos los humanos sentimos al estar en presencia de algo que no conocemos, o algo que nos resulta extraño aunque lo conozcamos de toda la vida. Es en efecto, una película del género de suspenso, pero que como el cine de hoy por hoy, tiende a escapar de ese encasillamiento y a incorporar métodos más efectivos a la hora de entretener: comedia, armonía escénica, suspenso, acción, persecuciones al mejor estilo “western”, y hasta drama; todo bastante bien cuidado incluso en el deslumbrante despliegue de efectos especiales, cosa que resulta muchas veces más llamativo que la trama en sí.
Creo que un término se destaca: armonía. Veo eso mismo en la conjugación de una escena a la otra. Nada queda fuera de lugar, aunque la mezcla parezca perfectamente incoherente.
Bonh Joo-ho aún no ha escapado a la categoría de “autor de género”. Es más, no he visto aún una película que haya escapado (ni ella ni su autor) totalmente a los géneros configurados de antemano. Simplemente se han configurados nuevos dadas las mezclas, como es el caso de los films –hoy llamados- psicológicos, donde la protagonista sigue siendo el suspenso, pero se le adhiere un ingrediente distinto a la trama. Las fusiones siguen siendo raras e imperfectas. Pero no hay que confundirse: es posible conseguir una “armonía” –como aclaré más arriba- entre las escenas, en tanto y en cuanto cada una de ellas sea particularmente “pura” en el tratado del género.
Voy a retomar una frase antes nombrada: “historia familiar”. Quisiera hacer hincapié sobre esto ya que es muy importante para comprender, o al menos, para tener una idea sobre la lógica en que se estructura la trama fílmica. Soy partidaria de creer –y esto sí lo conseguí leyendo críticas- que cada nación ha comprendido una forma particular no sólo de entender el cine, sino de hacerse ‘especialistas en’. El cine Inglés se ha vuelto famoso -no únicamente por exportar actores de categoría, ni directores que han revolucionado enteramente la forma de ver el cine-, sino también por comprometerse con el cine de temática política en un sentido amplio del término. Lo mismo ha sucedido con Argentina, donde el cine de los últimos tiempos (y el que yo particularmente respeto y admiro) ha generado buenos dramas, antes que buenas comedias.
El cine Brasilero se encargó de ambos: del cine político y del cine dramático (especialmente fusionados en éste sentido). Mientras que el cine de importación, meramente asiático, no sólo nos asusta con films de terror, o nos deja pensando con documentales crudos, sino que es recurrente la temática más dedicada a cuestiones familiares que a cuestiones de pareja (como es un especialista –en los géneros en donde queramos buscarlo- Estados Unidos, por ejemplo). Reitero: soy partidaria –y únicamente partidaria- de esto, pero bajo ninguna circunstancia me encierro en éste concepto de una vez y para siempre. Es importante que comprendamos todos los que queremos que el cine deje de ser ‘un recurso para’, que las fusiones son buenas, y que sí configuran una estética nueva, aunque no necesariamente un género nuevo, en éste sentido. A esto quería llegar: The Host configura una nueva estética, una nueva forma de enunciación, si se quiere, incorporando elementos que le son propios y otros que le son ajenos, tal y como sucede en la trama misma si analizamos la conmoción que sienten las personas al ver un bicho raro, acuático y terrestre a la vez caminando por el parque y comiéndose a cuantos coreanos encuentra a su paso. Es la misma sensación de extrañeza que se disimula y luego finaliza por incorporarse al entendimiento de la historia, cuando está viendo efectivamente la película. Pues, como ya he dejado en claro, éste film no provoca nada novedoso, simplemente juega inteligentemente con los elementos que tiene a mano, y éstos son: buenos efectos, un poco de comedia, un poquito de drama, una sazón importante de suspenso y una historia sobre una familia disfuncional, que termina siendo aún más disfuncional. Y en éste sentido –y con esto finalizo- sería pertinente decir que tal vez no es la familia la disfuncional ni el bicho el extranjero, sino aquellos que aún no hemos comprendido que la belleza tiene que ver con aquello que es diferente, y no siempre igual o ‘genérico’.

Jael Ferrari

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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~ por yaelferrari en 7 mayo 2008.

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